Foto: Cartas en un casino de Caracas por Raylí Luján
VENEZUELA – El póquer intenta reconstruirse tras más de una década fuera
Pinto: “Generando demanda para negocios que no participan directamente en la organización del torneo”
Según Manzur Pinto, del Casino del Marqués, en Caracas – la capital de Venezuela – la comunidad pasó de 150 jugadores tras la reapertura a más de 1.000 en la actualidad. El sector mueve hasta US$100.000 mensuales, aunque el crecimiento sigue concentrado en el mercado local. Los extranjeros representan menos del 5%, pero se espera aumentar esa cifra con circuitos internacionales y mejores conexiones aéreas.
Es decir, el póquer busca recuperar terreno en Venezuela después de más de una década fuera del circuito formal de casinos, Pinto, quien acumula más de 25 años de experiencia en la industria de casinos, explicó a Bloomberg Línea que el crecimiento todavía se concentra principalmente en el mercado local.
La industria que intenta reconstruirse hoy no regresa a la Venezuela que dejó en 2011, cuando el gobierno ordenó el cierre de la mayoría de los casinos. En ese entonces, el país atravesaba una etapa de expansión impulsada por los altos precios del petróleo.
Una década después, el gobierno de Nicolás Maduro comenzó a autorizar nuevamente casinos de juego, pero para entonces, Venezuela había pasado años de contracción económica, hiperinflación y pérdida de capacidad de consumo por el bloqueo internacional de Estados Unidos.
La reapertura de los casinos y bingos presenciales en Venezuela, ahora intentar reconstruir una industria dentro de una economía completamente transformada, para volver a formar parte de una industria de entretenimiento extendida en distintas ciudades para generar actividad alrededor de salas, hoteles, restaurantes y otros servicios.
Cuando se cerraron los casinos y bingos se afectaron alrededor de 100.000 empleos directos e indirectos. Sin embargo, durante los años en que los casinos estuvieron cerrados pudieron existir partidas de póker privadas o clandestinas, pero la imposibilidad de operar legalmente limitó la organización de grandes eventos y dificultó la formación de una comunidad competitiva estable.
La reapertura comenzó de manera gradual alrededor de 2020-2021 y para 2022 la actividad ya había retomado operaciones en distintos puntos del país. El regreso ocurrió mientras Venezuela intentaba dejar atrás los años más duros de su crisis económica y el gobierno avanzaba en una apertura parcial de sectores que habían permanecido bajo fuertes restricciones.
El reinicio, sin embargo, no significó una recuperación inmediata de la industria que existía antes del cierre. La comunidad que volvió a frecuentar los casinos era todavía pequeña y los torneos de póker tardaron en recuperar escala.

Manzur Pinto
Ahora existen unos 15 casinos activos en Venezuela, donde el circuito de póquer reúne a más de 1.000 jugadores. Los dos principales escenarios para los torneos de mayor tamaño están en Caracas y Lechería – una ciudad ubicada al norte del estado Anzoátegui – aunque la actividad también se desplaza hacia otras ciudades.
Aunque el interés internacional existe, se cree que este se dará paulatinamente, ya que organizaciones y circuitos de Colombia, Brasil y el Caribe han mantenido conversaciones preliminares para realizar paradas en Venezuela, que permitan a los jugadores extranjeros llegar al país para competir y regresar con facilidad a sus lugares de origen.
Según Pinto, en cada torneo de póker, “cada quien se inscribe, va directo a una bolsa de premios. Nosotros actualmente cobramos un 15%”. El efecto económico, según el gerente, va más allá del dinero que circula sobre las mesas. Los torneos reúnen jugadores procedentes de diferentes ciudades y generan desplazamientos que benefician a otros sectores. Pinto estima que entre 30% y 40% del movimiento asociado a una parada puede estar relacionado con los acompañantes de los jugadores, quienes también consumen servicios de alojamiento, alimentación, transporte y entretenimiento.
“El póquer funciona como un dinamizador del turismo interno”
Los jugadores de póker se desplazan entre ciudades y con ellos también lo hacen familiares, amigos y acompañantes, generando demanda para negocios que no participan directamente en la organización del torneo.
Como referencia, Pinto calcula que dos paradas realizadas el año pasado entre La Guaira, Caracas, y Lechería, dos zonas costeras del país, pudieron representar alrededor de US$1 millón en movimiento económico, al sumar las inscripciones, los gastos de los participantes, la logística y el consumo asociado a hoteles, restaurantes y otros servicios. La estimación corresponde al impacto económico total de esos eventos y no a ingresos de los casinos.
El circuito mantiene actividades prácticamente todas las semanas, especialmente en Caracas y Lechería, para sostener el tráfico de jugadores y la práctica competitiva. A esos eventos recurrentes se suman varias paradas de mayor tamaño durante el año, que movilizan participantes entre el occidente, el centro y el oriente del país.
La apuesta por crecer internacionalmente se apoya también en la comunidad venezolana de jugadores. Pinto sostiene que el país cuenta con competidores que han obtenido resultados fuera de sus fronteras, incluidos jugadores radicados en Estados Unidos y Panamá y otros que han destacado recientemente en torneos en Bogotá.
Entre los destinos con mayor potencial para recibir eventos internacionales, se destaca que la Isla Margarita por su infraestructura hotelera y su tradición turística, aunque también identifica oportunidades en Caracas, Lechería y Barquisimeto – a 350 km oeste de Caracas, y la expectativa es que alguna de estas ciudades pueda convertirse en una parada de los circuitos internacionales que actualmente evalúan regresar a Venezuela.

El póquer como deporte mental como el ajedrez
La expansión de los torneos coincide con una propuesta más ambiciosa: que el póquer pueda ser reconocido en Venezuela como un deporte mental y que su dimensión competitiva pueda separarse de la actividad de apuestas.
Pinto plantea la eventual creación de una Federación Venezolana de Póquer, así como el reconocimiento de atletas de alta competencia y una regulación específica para la disciplina deportiva. Bajo ese esquema, las competencias deportivas podrían quedar bajo la órbita del Ministerio del Deporte, mientras la actividad de apuestas continuaría sometida al marco regulatorio correspondiente a los casinos.
“Implicaría reconocerlo formalmente como un deporte mental, al igual que el ajedrez”, añade Pinto, y a su juicio, esto permitiría crear una estructura para formar jugadores, apoyar a los competidores de alto nivel y separar la práctica deportiva de la actividad estrictamente asociada al juego con dinero.
La propuesta contempla incluso llevar el aprendizaje del póquer a clubes de estrategia o espacios de formación, pero sin apuestas. Pinto plantea utilizar elementos como la probabilidad matemática, la teoría de juegos y la toma de decisiones como herramientas pedagógicas.
El argumento parte de una característica particular del póquer: el jugador debe tomar decisiones con información incompleta, calcular probabilidades y evaluar distintos escenarios a partir de las cartas que tiene disponibles y las que permanecen ocultas. Para Pinto, esas dinámicas pueden utilizarse para desarrollar habilidades de análisis y toma de decisiones.
“Debería ser con premios, no con dinero”, explicó al referirse a una eventual enseñanza para niños y jóvenes. La intención sería utilizar el juego para desarrollar agilidad mental, estrategia y capacidad de decisión, manteniendo completamente separada esa práctica de las apuestas.
El planteamiento adquiere una dimensión particular en Venezuela, donde el deterioro de la educación ha convertido la formación de habilidades matemáticas y de pensamiento crítico en uno de los desafíos sociales. Pinto compara el modelo con los clubes de ajedrez y plantea que el póquer podría incorporarse como otra disciplina de estrategia.
La propuesta no implica eliminar la relación del póquer competitivo con los casinos. Pinto considera que estos establecimientos ofrecen actualmente las condiciones de seguridad necesarias para manejar premios y organizar competiciones, pero sostiene que la eventual dimensión deportiva debería contar con un marco propio.
La consolidación de la industria dependerá, según afirma, de tres elementos: estabilidad regulatoria a largo plazo, fortalecimiento del circuito nacional y mayor participación de patrocinadores. Algunas empresas de banca, tecnología y bebidas ya han mostrado interés, aunque los patrocinios todavía son de pequeña escala.
El objetivo final es conseguir que Venezuela tenga paradas permanentes dentro de los calendarios de los grandes circuitos internacionales. Si la conectividad aérea mejora y las conversaciones con operadores extranjeros avanzan, el póquer podría convertirse en algo más que una actividad dentro de los casinos: un circuito capaz de movilizar jugadores entre ciudades, atraer visitantes extranjeros y generar consumo en hoteles, restaurantes, transporte y otros servicios.






















